¡Lo mereces! Y quiero que te lo creas.


¡Qué difícil es sentir merecimiento muchas veces!
Se nos hace complicado vernos; ver nuestros esfuerzos y nuestros intentos para lograr algo que deseamos con muchas ansias.
Y más allá de nuestros éxitos laborales o personales, tal parece que lo mismo ocurre en nuestras relaciones.
Trabajamos arduamente en terapia para modificar patrones, conductas, entender nuestros estilos de apego, cómo éstos impactan nuestros vínculos y relaciones, y hasta mantenemos un mejor control de nuestra salud mental y emocional.
Pero cuando las cosas buenas comienzan a pasar; cuando empezamos a atraer personas sanas, lo saboteamos porque esas experiencias no nos resultan familiares.
Pensamos…
~ No es cierto que ahora tenga una persona que me escuche y me vea.
~ No es cierto que tenga una persona que valora mi presencia.
~ No es cierto que tenga una persona que entiende y satisface mis necesidades, más allá de lo material.
~ No es cierto que ahora sí experimento lo que es un apego seguro.
Entiende esto… Lo conocido no siempre es lo saludable.
Recibir afecto y atención sin tener que sentir que lo hemos ganado, puede sentirse extraño cuando ya hemos aprendido a conformarnos con lo mínimo.
Pero no todo lo bueno tenemos que verlo como una amenaza. No todo lo sano es “demasiado bueno para ser verdad”.
Quédate con esto: Nuestra sanación también es aprender a reconocer nuestro valor, recibir sin culpa y permitirnos disfrutar de relaciones donde nuestras necesidades emocionales importan.
No es justo sabotear lo bueno que nos puede pasar para volver a lo conocido. Somos merecedores de vivir vínculos que nos permitan sentirnos en paz.
Y si este blog llegó hasta ti, soy terapista humanista en Massachusetts y Florida. Ayudo a adultos a fortalecer su salud mental mientras comprenden patrones en sus relaciones y modifican sus estilos de apego ansioso y de evitación.




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