Normalicemos dejar a las personas en la realidad que han elegido.
- Dr. Nitza Ramos-Cruz

- 3 days ago
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Esto suena algo difícil, pero llega el momento en que comprendemos que, por mucho que expliquemos, guiemos, amemos o nos sacrifiquemos, las personas que nos rodean terminan tomando su propio rumbo y sus propias decisiones.
Cada persona vive en una realidad moldeada por su historia, sus heridas, sus creencias, sus valores y su nivel de consciencia, y ningún esfuerzo de nuestra parte puede sustituir o cambiar su voluntad, lo que quieren ser, ver, pensar, sentir o elegir.
Y no debemos sentirnos mal por esto, y mucho menos debemos tomarlo como un asunto personal. Normalizar el hecho de dejar a las personas en la realidad que eligen no significa ser indiferentes ni que estemos renunciando a ellas.
Este es un proceso sincero y humano en el que reconocemos hasta dónde llega nuestra responsabilidad, los límites de nuestra capacidad para participar en la vida del otro y lo variable y finita que puede llegar a ser nuestra influencia sobre los demás.
De la misma manera, cuando dejamos de intervenir o intentar influir en otros, no estamos aprobando comportamientos, decisiones ni formas de pensar. Estamos reconociendo que, al final, no tenemos la capacidad absoluta para ejercer control sobre la vida de otra persona. En ese momento nos damos cuenta de que ese aparente privilegio y acceso abierto fue solo un espejismo que nunca existió, o que sólo fue temporero.
La aceptación, en este sentido, es elegir respetarles y ofrecerles nuestra presencia hasta donde sea conveniente o permitido, en lugar de ejercer poder o una influencia forzada.
¡Es liberador cuando entendemos esto y soltamos ese peso de nuestras espaldas!
¿Por qué asumir una responsabilidad que no nos corresponde? ¿Por qué insistimos en ser el héroe de alguien más? Estas son cargas innecesarias y no forman parte de nuestra realidad.
Si algo podemos hacer, es acompañar, pero sin la necesidad de insistir en resolver, corregir o cambiar. Escuchar activamente, guardar silencio y ofrecer nuestra presencia sincera.
Entonces, ¿cuál es la responsabilidad que nos corresponde? ...Llevar nuestra propia carga. La que conocemos y llevamos día a día. La que sí podemos controlar y manejar. Esa, donde podemos invertir nuestra energía con consciencia, a la vez que monitoreamos sus abastos. Ese espacio donde el cambio sí es posible: nuestra mente, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros valores, nuestras decisiones y nuestros comportamientos.
No es desligarnos, deshumanizarnos ni desconectarnos. Es perseguir la garantía de que, al final, nos ahorramos un agotamiento innecesario cuando aceptamos sólo lo que está a nuestro alcance, en nuestra zona de control, y lo que realmente sí podemos moldear o cambiar.
Con humildad,
~Nitza

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