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Cuando la lluvia termina, la sombrilla estorba.

  • Writer: Dr. Nitza Ramos-Cruz
    Dr. Nitza Ramos-Cruz
  • Feb 10
  • 2 min read

Mientras la lluvia cae, la sombrilla es muy valiosa, es necesaria y hasta indispensable. Pero la escena cambia cuando termina la lluvia.


Las manos se sienten llenas y la sombrilla mojada comienza a estorbar. Pesa, está goteando e incomoda. Se convierte en algo que queremos soltar o poner en un rincón hasta que vuelva a hacer falta. Ya no es una prioridad y ya dejó de ser necesaria.


¿Cuántas veces hemos ocupado el lugar de la sombrilla? Muchas veces.


Llegamos a ser refugio cuando llega el aguacero. Estamos ahí, protegemos, acompañamos y cumplimos nuestro rol. Pero cuando el cielo se despeja, cuando lo peor pasa y cuando el sol vuelve a brillar… somos dejados en ese rincón.


Esto no ocurre necesariamente por maldad ni como un evento planificado. Muchas veces es guiado por conductas automáticas, por la prisa o, tal vez, por inconsciencia.


Esta es una dinámica que se observa continuamente en relaciones románticas, familiares, amistades y hasta en espacios profesionales. Personas que son buscadas y "utilizadas" solo cuando hay necesidad, en situaciones de urgencia o cuando se busca obtener un beneficio.


Y al pensar en nuestras relaciones con los demás, necesitamos reflexionar con seriedad sobre la intención de fondo. Si estamos tratando a las personas cercanas como vínculos y conexiones reales, o como herramientas emocionales o sociales que sólo necesitaremos de forma temporera.


Algo claro que necesitamos entender es que las relaciones saludables no se sostienen sobre transacciones basadas en obtener beneficios en una sola dirección o de forma temporal. Se sostienen al aplicar reciprocidad, al dar y recibir, y al ofrecer presencia de forma genuina y consistente.


Por eso, es clave la dinámica de aprender a usar límites aun sobre nuestra buena fe y nuestras mejores intenciones. Porque también es cierto que no todas las lluvias nos corresponden, y no todas las tormentas necesitan nuestra presencia. 


Así que, es indispensable reconocer a esas personas que han sido nuestra sombrilla en esos días grises. En esos días tormentosos que han llegado a nuestras vidas sin esperarlos.


Solo la gratitud real será la evidencia de que valoramos la compañía y el soporte. Ese será el acto más genuino que podemos mostrar cuando el sol regresa y todo parece ir bien.


Reflexiona en esto: Si alguna vez te toca ser esa "sombrilla", recuerda que no naciste para ser cargado a rastras, sentirte como carga y ser olvidado en el rincón cuando pasa la necesidad. Estás ahí para ser visto y valorado de manera genuina y consistente. Y cuando ya el cielo esté claro, también mereces ser posicionado en un lugar seguro, con aprecio y cuidado.


Acompañar nunca ha significado sacrificio ni pérdida.

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