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¡Cuán afortunada fui de que muchas cosas no funcionaran!

  • Writer: Dr. Nitza Ramos-Cruz
    Dr. Nitza Ramos-Cruz
  • Apr 1
  • 3 min read

¿Aferrarse? ¿Apegarse? ¿Atarse?


Cuando las cosas no se dan o no se desarrollan como esperas, cuando lo intentas y aun así todo se desmorona... haz una pausa, examina y, de ser necesario, acepta.


Comenzar una tormenta mental, analizar en exceso, usar la autocrítica, cuestionar e intentar descifrar qué no hicimos, qué faltó o qué salió mal por nuestra culpa, resulta en una carga muy pesada que no queremos llevar.


La aceptación y, a veces, la resignación pasiva son opciones más llevaderas. Al final, son alternativas más sabias y que preservan nuestra salud mental cuando las cosas parecen no funcionar.


Aceptar aquello que no resultó en algún momento, que no sucedió o se desvaneció, NO es derrota. Es un proceso en el que desistimos, donde cesamos la lucha interna y externa, y reconocemos lo que fue, o aquello que no fue.


Y esto de "aceptar" se aplica ampliamente a asuntos relacionados con nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestras metas… ¡Se aplica a todo!


Así que si eres ese tipo de persona a quien le cuesta aceptar y resignarse cuando algo no salió bien, o que no le es fácil soltar, y tiende a mantener ese sabor amargo que le deja una experiencia, considera estas reflexiones:


  1. No todo lo que termina es una pérdida. A veces, lo que termina y se desvanece simplemente está creando espacio para aquello que mejor se ajusta a tu expansión y crecimiento.

  2. El sentimiento pesado de ese "final", o de lo que no funcionó, no es un castigo. Recíbelo como una invitación a volver a ti, a redescubrir tus fortalezas y tus límites, a hacer inventario, a hacer ajustes, a redirigir tu rumbo, a ser más selectivo y más realista.

  3. La aceptación de aquello que no pasó o no resultó NO es fracaso; es una elección consciente que hacemos en la que honramos aquellas condiciones, circunstancias y todo aquello que salió de nuestro control.

  4. Libérate de la necesidad de entender y resolverlo todo. Algunas cosas no logradas sí podrán ser entendidas, pero otras no. Algunas podrán resolverse, pero otras no. ¡Suelta y sigue!

  5. La gratitud transforma los finales menos felices en nuevos comienzos y oportunidades. Cuando agradeces aquello que no funcionó, valoras la experiencia y reconoces el aprendizaje que resultó del evento, te liberas de la ilusión de la perfección y de la exigencia de aquello que "sí debía" funcionar.

  6. Incluso cuando la pérdida toca tu fibra más íntima, elige valorar aquello que aún permanece y lo que has podido conservar de la experiencia. No es conformarnos con lo que sobra; es poder dar fin a esa lucha interior y controlar ese deseo persistente de ganar, poseer y retener.

  7. Puede que dejes atrás lugares o personas que alguna vez valoraste y amaste, pero ten la seguridad de que tus pies te llevarán a espacios donde sentirás pertenencia. ¡Algo así como si ese nuevo espacio y esas nuevas personas te hubiesen estado esperando!

  8. Recuerda esto: depositaste amor, te esforzaste, diste calidad, ofreciste tu tiempo y lo mejor de ti, y tal vez no fue valorado. Aun así, sigue creyendo que las acciones guiadas por el amor, la buena intención y el buen deseo de nuestro corazón son la fuerza motriz detrás de todo lo que sí obra a nuestro favor.


Concédete la gracia de nuevos comienzos y de nuevas experiencias. Da gracias por aquello tan esperado, pero que no llegó, por lo que no funcionó, por lo que se desmoronó, por lo que se fue y no permaneció.


Confía en que todo aquello que está diseñado para ti llegará y se ajustará a ti. Hará su llegada en el momento justo y te obsequiará los mejores resultados. ¡Nunca lo dudes!

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